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Virginia Fábregas
Manolo Fábregas
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MANOLO FABREGAS

Manolo nació y
creció en el seno de una familia de actores que empieza con
su señora abuela, la actriz Doña Virginia Fábregas (17 de
septiembre 1871 - 17 de noviembre 1950), quien llegó a
producir las obras en las que actuaba. Era muy
perfeccionista y se preocupaba por realizar producciones con
la mayor calidad, y traer las escenografías y los vestuarios
de Francia o Italia. Con este ejemplo en casa, era
lógico que Manolo deseara continuar la tarea y producir
algún día teatro del más alto nivel artístico. No le
fue fácil al principio, ya que sus ingresaos como actor o
como maestro de ceremonias en los cabarets Sans Souci
y El Patio no alcanzaban para tanto. En esa
época, a fines de los años 40, tampoco había muchos teatros
en la ciudad de México. Eran sólo tres o cuatro y sin
ninguna continuidad en su programación: una temporada
corta, luego el teatro cerrado, pasaba mucho tiempo hasta la
siguiente.
En
abril de 1948, la noche del Sábado de Gloria, Andrea Palma
inició una temporada con La Dama de las Camelias en el
hermoso Teatro Virginia Fábregas de las calles de Donceles.
Presentó varias obras y Manolo intervino en la mayoría de
ellas durante algunas semanas. En ese año sólo hacía
cine y radio en la XEW donde cantaba con un quinteto
que formaron él, Gustavo Rojo y las hermanas Julián.
Pero en lo que más le gustaba que era el teatro, no había
mucho trabajo.
En octubre de
ese mismo año, se fue a España como galán joven de la
compañía que formó Don Luis G. Basurto para que Doña
Virginia se despidiera del público español. También iban
Andrea Palma, Virginia Manzano, Miguel Ángel Ferriz, Matilde
Palou, Jorge Sánchez Navarro, Manuel Sánchez Navarro y
Elodia Hemández. La compañía regresó a México después
de 7 meses, pero Manolo se quedó por más tiempo y formó su
compañía con actores españoles con los que hizo una gira por
muchas ciudades de la península. Durante esta época, también
trabajó en tres películas: De mujer a mujer, con
Amparo Rivelles, Llegada la Noche, con Adriana Benett;
y La noche del sábado, con Maria Félix. Todo
este trabajo retuvo a Manolo en España hasta julio de 1950.
Él estaba contento: era bien considerado en su trabajo,
tenía muchos amigos y estaba soltero. Tuvo que volver a
México porque Doña Virginia sufrió un accidente en su casa y
fue necesario hospitalizarla.
Manolo
pensaba siempre en regresar a España, ya que tenía ofertas
de trabajo, pero su abuela se agravó y él no quiso separarse
de su lado. Cambió de planes y se quedó en México
decidiendo, entonces, invertir sus ahorros de casi dos años
de trabajar en España en la producción de lo que seria su
primera obra: Celos del aire, en el Teatro Ideal
de la calle de Dolores.
Estrenó el 2 de noviembre de 1950 y ese mismo mes, el día 17
, murió Doña Virginia Fábregas. Esto fue un gran golpe para
Manolo, quien tuvo que pasar por la terrible experiencia de
enterrar a un ser tan querido, y por la tarde hacer las
funciones sobreponiéndose a su dolor. Desde entonces Doña
Virginia yace en la Rotonda de los Hombres Ilustres en el
Panteón de Dolores.
Celos del aire era una linda obra y Manolo hizo una
producción muy generosa, la cual suscitó comentarios de
admiración. Para ella contrató a la que consideraba la mejor
actriz, Carmen Montejo; a Silvia Pinal, una dama joven muy
bella y talentosa; a Carlos Cores, un galán argentino que
estaba en su mejor momento de éxito; a Don Arturo Soto
Rangel, actor de carácter y buenísimo; a Pilar Mata, cubana,
señora de talento y gran presencia, ya Jesús Valero, actor
dúctil y estupendo para la comedia. Manolo también
actuaba en la obra. El mejor director de comedia de
teatro y cine era Julián Soler, él la dirigió, y el
estupendo escenógrafo, Don Julio Prieto, hizo la
escenografía.
Celos del aire se ensayó con mucho entusiasmo. La
prensa hablaba mucho de ella y apoyó el debut de Manolo como
productor de teatro.
La
noche del estreno yo estaba muy emocionada, ya que mi novio
era el actor y productor. Se invitó a los amigos de
los actores, a los nuestros, ya los críticos que podían
asistir a cualquiera de las dos funciones (ni ese día se
dejó de hacer dos). En ninguna de ellas se llenó el teatro,
quizás media sala en cada una, no estoy segura.
Me dio pena, tanto ensayo hasta tan tarde, tantos nervios
para estrenar para aquellos críticos tan tristes y solemnes,
la mayoría de edad respetable, que hacían el favor de reírse
un poco. El público reconocía la comedia como lo que
era: graciosa, divertida y bien hecha.
En aquella época, en los teatros de comedia se acostumbraba
tener en el vestíbulo un conjunto de tres o cuatro músicos
vestidos de negro con un piano, un violín y un bajo, que al
principio y en los intermedios tocaban música española o
clásica.
Después de las
dos funciones de estreno, los actores, que se encontraban
cansados pero excitados, fueron invitados por la Sra.
Julieta Soler, querida comadre nuestra y gran anfitriona,
para agasajar .a la compañía que había dirigido su marido.
La comedia
gustó al público y la crítica la trató bien. Manolo y todos
los actores de su compañía se sentían felices cuando se
asomaban detrás de la cortina y veían que había cinco o seis
filas de público. Los domingos, que era cuando más
audiencia tenían, eran muy cansados: se hacían tres
funciones y no se descansaba los lunes.
Manolo tuvo el apoyo de algunos amigos que deseaban que su
primera obra fuera un éxito, ya que sabían de su gran
esfuerzo. Así, nuestro muy querido amigo Gregorio
Walerstein, productor de cine, en los periódicos dominicales
en un gran espacio lo felicitó por el estreno de la obra.
De esa manera reforzaba el anuncio de la cartelera.
Desde entonces lo hizo cada vez que Manolo estrenó una obra.
También lo apoyó un hermoso personaje, amigo y admirador de
Doña Virginia, el Licenciado Don Aquiles Elorduy. Era
un señor mayor y Manolo y yo lo queríamos como si fuera algo
nuestro. Fue maestro de la Universidad de México y
entre sus exalumnos se contaba el entonces Presidente de
México, el Lic. Miguel Alemán Valdés y algunos de los
Ministros del Gabinete. Don Aquiles llevaba a su
familia y amigos todos los domingos a la primera función de
toda la temporada.
Antes de terminar la segunda semana después del estreno de Celos
del Aire, Manolo comenzó a ensayar la siguiente comedia,
Sexteto, de Ladislao Fodor. En esta obra debutó en
teatro Rita Macedo. Sexteto fue la primera obra que
Manolo dirigió y lo hizo con gran sentido de la comedia.
A la semana de haberse estrenado una obra, al final de la
última función, a media noche, se empezaba a ensayar la
siguiente. Esto, por muy joven que se fuera, era muy
pesado, además de la responsabilidad de la producción,
dirigir y actuar. Esta temporada heroica duró más de
seis meses y con tantas y tantas experiencias de siete o más
obras, casi todas dirigidas por él, Manolo quedó sin dinero
pero muy fortalecido. Yo creo que durante esta época se
empieza a modelar en él, el "Hombre Teatro", como hoy tan
dignamente se le llama.
Al principio hubiera sido más fácil que alguien produjera
sus obras pero, si ahora hay tan pocos productores y
empresarios, imagínense entonces.
Antes de irse a España, él se preocupaba por pasarla bien,
vestirse bien (siempre le gustó), comer bien, componer
música y letras con su amigo el gran compositor Mario Ruiz
Armengol, charlar con los amigos en el Hotel Regis, en el
Restaurant Tampico. El hipódromo, el frontón: vivía la
bohemia del México de entonces, puedo decirles que Manolo
era y es un gran bohemio, pero tuvo que renunciar a esto
para dedicarse de tiempo completo a buscar obras de teatro,
contratar actores, proyectar escenografías, aprovechar
siempre algo de las obras anteriores sin desperdiciar nada,
aprender a tener mucho valor y constancia para realizar sus
proyectos y generar, de esta manera, fuentes de trabajo y
conservarlas. Sólo con ese gran amor a su profesión logró
tener la satisfacción de seguir, a sus 29 años, con la
tradición familiar: actuar y producir teatro.
Al terminar su temporada en el Teatro Ideal en julio de
1951, Manolo forma una compañía y se va a Monterrey al
Teatro México, con el repertorio anterior y algunas obras
más. Nos casamos unas semanas antes y aprovechamos esa
gira para nuestra luna de miel. Hacía un calor terrible.
Atrás del teatro había una arena de box al aire libre, que
trabajaba los fines de semana, y durante nuestras funciones
en los momentos menos oportunos para la comedia, se
escuchaba del otro lado del muro el clásico anuncio de: "-en
esta esquina con tantos kilos. ..!" Pero a Manolo nada
le importaba, todo se superaba. El éxito estaba ahi, y
él, lleno de entusiasmo y con la amistad de los actores,
como Carmelita Molina, Luis Beristáin y Lolita. Fue una
buena experiencia, y el principio de sus giras a Monterrey,
desde entonces el público recibe a Manolo con amistad y
cariño, y él les corresponde llevándole su trabajo con todo
respeto y honestidad, ya que lo considera un gran conocedor.
Por algún tiempo Manolo no hizo teatro. En 1952 se
convirtió en pionero de la TV con un programa dominical:
La Telecomedia de Manolo Fábregas, en la que dirigió y
actuó más de tres años presentando una obra de teatro
diferente cada domingo, ensayada, memorizada y al aire, con
estupendos actores que hicieron al lado de Manolo un
repertorio de teatro universal extraordinario. . .
Durante el
tiempo. que Manolo estuvo dedicado a la televisión no tuvo
tiempo de extrañar el teatro, el trabajo era intenso.
Pero
un gran amigo que era como de la familia, el productor de
cine Oscar Dancigers, le pidió que se asociara con él para
actuar y dirigir la comedia Siete años de comezón. A
pesar de lo ocupado que estaba, la idea le entusiasmo y era
imposible decirle al amigo que no. Manolo se ocupaba
de la producción, la dirección, etc., y Oscar de la
administración, lo que le dejaba más tiempo para dedicarse a
la comedia. La actuó y dirigió con mucho éxito de
público y de critica durante algunos meses en el Teatro 5
de diciembre, que es el auditorio de un sindicato.
El éxito fue tal que en cada función se ponían sillas
adicionales en los pasillos para los espectadores.
Don José Maria Dávila, dueño del Teatro de los
Insurgentes, le pidió a Antonio Badú, amigo de ambos,
que lo presentara con Manolo, para proponerle que se hiciera
cargo de su teatro. Manolo quedó encantado con la
personalidad del Sr. Dávila y surgió una buena amistad entre
ellos. El Sr. Dávila le propuso a Manolo su teatro por
poca renta. Poca para él, mucha para Manolo. Era
de pensarse. Ahora, el Insurgentes está en la mente de
todos porque ya resulta céntrico y está acreditado, pero en
aquel entonces estaba "lejos del DF y cerca de Cuernavaca".
Poniendo todo el valor de que es capaz, aceptó la propuesta,
no tenía suficiente capital para producir una obra para tan
importante teatro, pero sí tenía amigos, y uno de
nuestro querido Abel Salazar, le avaló un préstamo bancario
cantidad de $50,000.00. Siempre le agradeceré a Abel
la buena mano que tuvo.
Se inicio la
temporada con el estreno de Testigo de cargo, una
estupenda de Agatha Christie. Le pedí a Manolo que me
dejara organizar el debut como sabía que se hacia en países
de tradición teatral: con un programa de lujo, invitando,
lógicamente, a los críticos de teatro, pero también a los
columnistas de sociales, amigos, actores, intelectuales, en
fin, gente de prestigio que engalanara esa noche de estreno.
Fue un éxito rotundo. Nunca se había visto a tantas
personalidades en un estreno de teatro, ya que no se
acostumbraba organizarlos así. De ahí en adelante, la gente
asistió a cada estreno de Manolo al Insurgentes ya los demás
teatros, ya que se siguió el mismo sistema hasta el día de
hoy.
La temporada fue más allá de lo esperado y Manolo siguió ahí
durante cinco años y medio. Hizo muchas obras para toda la
familia, y así formó el público leal que lo ha seguido
durante todos estos años. La familia Dávila es parte
de nuestros amigos y recordamos la confianza que Don Chema
tuvo en Manolo al ofrecerle su teatro, el cual tiene en el
mezzanine enmarcados los programas de las obras por él ahí
representadas.
Pocos actores han tenido la oportunidad de hacer en toda su
carrera, tantas obras como las que Manolo actuó, produjo y
dirigió en esa temporada, la cual recordaré siempre con
cariño y mucho agradecimiento. El Teatro Insurgentes forma
parte de la vida de Manolo.
En 1958, Roberto Lerner lo invitó a trabajar aportando
actuación y dirección en la obra Mi bella dama. A
Manolo le fascinó la idea de actuar y cantar en esa comedia
musical. Como es un hombre de suerte, le tocó en su vida
artística esta bellísima comedia. El estreno mundial en
español fue en la ciudad de Monterrey. El aplauso que
le dieron a Manolo al final de la función fue tan largo, que
si les cuento van a creer que exagero. Luego a
Guadalajara. El debut en México fue en el Palacio
de Bellas Artes y rompió todos los records de entradas
de espectáculo teatral hasta esa fecha. Fue tal el
éxito que siguió en el Teatro Esperanza Iris, ahora
"Teatro de la Ciudad". Roberto Lerner, sus
socios americanos y Manolo con su porcentaje, perdieron
hasta el último centavo de la inversión, a pesar del éxito
tan espectacular que fue Mi bella dama. Entonces,
casi no se hacia comedia musical en México, y era imposible
hacerla con el precio del boleto a $12.00 (doce pesos), que
era lo máximo que se podía cobrar.
En 1961 , Manolo decidió que quería hacer una gira por
Latinoamérica llevando una compañía de actores profesionales
y conocidos, con su repertorio de teatro ya hecho. La
empresa era muy riesgosa y muy cara, ya que todo dependía de
él económicamente. Teníamos una propiedad y decidió
arriesgarla. Si le iba mal, procuraría perder
solamente lo que valía. A mí me pareció justo.
Afortunadamente pudimos conservarla durante más tiempo.
Recorrió diez
países de Centro y Sudamérica, y algunos tuvo que visitarlos
por segunda vez, dado el éxito. Estuvo reconocido
como: "El gran Embajador del teatro de México", así lo
decían los periódicos que conservan todos los que fueron a
la gira. Fue recibido por casi todos los presidentes
de esos países y en la mayoría de sus debuts se contó con la
presencia de ellos, sus gabinetes y el cuerpo
diplomático. Nuestros embajadores en esos países se
sentían orgullosos del material teatral que Manolo mostraba
con tan magnifica compañía.
En
ese tiempo, en México hubo actores que anunciaron giras por
América Latina, semejantes a la que estaba haciendo Manolo.
Desde luego no se hicieron jamás, ni se han hecho.
Para eso hay que tener el romanticismo que él tiene, el
espíritu de lucha, el orgullo de saber que se está
trabajando para bien de México en el extranjero, el aceptar
que lo que se tiene, si se pierde, como es material se va
recuperar si se sigue en esto, y si no, no importa: antes
que nada está la satisfacción de hacerlo.
Al regresar a México, después de un año de gira con un
repertorio de teatro consolidado, continuó
básicamente con la misma compañía por toda la República.
En 1963 hizo en la Sala Chopin de la calle de Puebla,
una larga temporada que empezó con Vamos a contar
mentiras, de Alfonso Paso. Fue exitosa y se montaron ahí
obras que podía ver toda la familia. Sin embargo, a pesar de
que la temporada tuvo éxito recuerdo que teníamos un
precioso terreno en una esquina de Ciudad Satélite, y en
algún momento de alguna temporada que iba mal, el terreno
sirvió para pagar la renta al Sr. Tarsicio Zañudo, que
tienía a su cargo la Sala Chopin. En 1964
también tomó el Teatro Esperanza Iris, e hizo otra temporada
con actores que se dedicaban a la comedia o a la farsa.
En el mismo año produjo en Buenos Aires, Argentina, la obra
Divorciémonos. Contrató a Mirtha Legrand para el
papel que aquí interpretó Süvia Pinal e hizo una producción
muy bella en el Teatro Odeón. La obra no
interesó, pero él tuvo éxito de crítica como actor.
Decidió "sacarse la espina" con la obra Todos los días
amor y actuarla con sus amigos, las primeras figuras de
ese país, José Cibrián Ana María Campoy y Susana Freire.
Esto ya fue mejor y se quedó más tiempo en Buenos Aires en
el mismo Teatro Odeón.
El 18 de febrero de 1965, se realizó el "sueño imposible"
del actor inaugurar su propio teatro, el Manolo Fábregas
en la calle de Serapio Rendón #15, con la obra Cualquier
miércoles. El reparto una vez más, fue
inmejorable: Don Fernando Soler, Silvia Pinal, Marilú
Elizaga y el mismo Manolo. Este teatro se llamaba
Nuevo Teatro Ideal, ya que fue construido para suplir el
de la calle de Dolores. Manolo lo compró y tuvo que
hacerle mucho trabajo de remodelación, ya que era teatro de
revista y lo adaptó para dejarlo en condiciones de presentar
comedia.
La inauguración fue una hermosa noche, con la presencia de
la Sra. Guadalupe Borja de Díaz Ordaz, esposa del recién
nombrado Presidente de la República, Lic. Gustavo Díaz
Ordaz, acompañada de un grupo de señoras, esposas de los
Ministros del Gabinete. María Félix encabezaba la
larga lista de actores que estaban contentos que un
compañero actor abriera un teatro de su propiedad. Lo
recuerdo como un hecho histórico, con el cual fuimos felices
muchas personas. La ciudad de México adquirió esa
noche un espacio teatral donde se han hecho producciones y
obras maravillosas. La realización de este teatro, sí
fue hecha, les aseguro, con sangre, sudor y lágrimas y con
muchas deudas. Yo, lo adoro. Acaba de cumplir 26
años estar trabajando, sosteniendo una fuente de trabajo y
pasar buenas, malas y regulares temporadas.
La iniciativa privada en México no construye teatros. El
último había sido el de los Insurgentes. Manolo siempre tuvo
la ilusión construir uno desde los cimientos, y que
funcionase con todos adelantos técnicos para mejorar sus
producciones y proporcionar mayores comodidades al público
ya los actores. Desde hacía años sabía lo que quería y
con su tenacidad, contando con un crédito bancario y un
estupendo arquitecto como nuestro querido amigo Carlos
Herrera, el 17 de septiembre de 1975 se pone la primera
piedra del Teatro San Rafael, y el 15 de mayo de 1977
se inaugura con la reposición de la comedia musical Mi
bella dama. De entonces, es una hermosa fuente de trabajo.
En
marzo de 1982 abre junto al Teatro San Rafael un taller para
estudiantes de actuación que ha tenido una gran respuesta,
llegando a ser insuficiente. Amplía sus instalaciones
y lo convierte en el hermoso Centro Cultural Virginia
Fábregas, con un teatro que lleva el nombre de su ilustre
abuela y que inaugura el 1o. de marzo 1990 con la comedia
musical Sor-presas que encabeza Marga López.
En
ese tiempo, en México hubo actores que anunciaron giras por
América Latina, semejantes a la que estaba haciendo Manolo.
Desde luego no se hicieron jamás, ni se han hecho.
Para eso hay que tener el romanticismo que él tiene, el
espíritu de lucha, el orgullo de saber que se está
trabajando para bien de México en el extranjero, el aceptar
que lo que se tiene, si se pierde, como es material se va
recuperar si se sigue en esto, y si no, no importa: antes
que nada está la satisfacción de hacerlo.
Al regresar a México, después de un año de gira con un
repertorio de teatro consolidado, continuó
básicamente con la misma compañía por toda la República.
En 1963 hizo en la Sala Chopin de la calle de Puebla,
una larga temporada que empezó con Vamos a contar
mentiras, de Alfonso Paso. Fue exitosa y se montaron ahí
obras que podía ver toda la familia. Sin embargo, a pesar de
que la temporada tuvo éxito recuerdo que teníamos un
precioso terreno en una esquina de Ciudad Satélite, y en
algún momento de alguna temporada que iba mal, el terreno
sirvió para pagar la renta al Sr. Tarsicio Zañudo, que
tienía a su cargo la Sala Chopin. En 1964
también tomó el Teatro Esperanza Iris, e hizo otra temporada
con actores que se dedicaban a la comedia o a la farsa.
En el mismo año produjo en Buenos Aires, Argentina, la obra
Divorciémonos. Contrató a Mirtha Legrand para el
papel que aquí interpretó Süvia Pinal e hizo una producción
muy bella en el Teatro Odeón. La obra no
interesó, pero él tuvo éxito de crítica como actor.
Decidió "sacarse la espina" con la obra Todos los días
amor y actuarla con sus amigos, las primeras figuras de
ese país, José Cibrián Ana María Campoy y Susana Freire.
Esto ya fue mejor y se quedó más tiempo en Buenos Aires en
el mismo Teatro Odeón.
El 18 de febrero de 1965, se realizó el "sueño imposible"
del actor inaugurar su propio teatro, el Manolo Fábregas
en la calle de Serapio Rendón #15, con la obra Cualquier
miércoles. El reparto una vez más, fue
inmejorable: Don Fernando Soler, Silvia Pinal, Marilú
Elizaga y el mismo Manolo. Este teatro se llamaba
Nuevo Teatro Ideal, ya que fue construido para suplir el
de la calle de Dolores. Manolo lo compró y tuvo que
hacerle mucho trabajo de remodelación, ya que era teatro de
revista y lo adaptó para dejarlo en condiciones de presentar
comedia.
La inauguración fue una hermosa noche, con la presencia de
la Sra. Guadalupe Borja de Díaz Ordaz, esposa del recién
nombrado Presidente de la República, Lic. Gustavo Díaz
Ordaz, acompañada de un grupo de señoras, esposas de los
Ministros del Gabinete. María Félix encabezaba la
larga lista de actores que estaban contentos que un
compañero actor abriera un teatro de su propiedad. Lo
recuerdo como un hecho histórico, con el cual fuimos felices
muchas personas. La ciudad de México adquirió esa
noche un espacio teatral donde se han hecho producciones y
obras maravillosas. La realización de este teatro, sí
fue hecha, les aseguro, con sangre, sudor y lágrimas y con
muchas deudas. Yo, lo adoro. Acaba de cumplir 26
años estar trabajando, sosteniendo una fuente de trabajo y
pasar buenas, malas y regulares temporadas.
La iniciativa privada en México no construye teatros. El
último había sido el de los Insurgentes. Manolo siempre tuvo
la ilusión construir uno desde los cimientos, y que
funcionase con todos adelantos técnicos para mejorar sus
producciones y proporcionar mayores comodidades al público
ya los actores. Desde hacía años sabía lo que quería y
con su tenacidad, contando con un crédito bancario y un
estupendo arquitecto como nuestro querido amigo Carlos
Herrera, el 17 de septiembre de 1975 se pone la primera
piedra del Teatro San Rafael, y el 15 de mayo de 1977
se inaugura con la reposición de la comedia musical Mi
bella dama. De entonces, es una hermosa fuente de trabajo.
En
marzo de 1982 abre junto al Teatro San Rafael un taller para
estudiantes de actuación que ha tenido una gran respuesta,
llegando a ser insuficiente. Amplía sus instalaciones
y lo convierte en el hermoso Centro Cultural Virginia
Fábregas, con un teatro que lleva el nombre de su ilustre
abuela y que inaugura el 1o. de marzo 1990 con la comedia
musical Sor-presas que encabeza Marga López.
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